La Nación

Los analistas miran con escepticismo que el mantra del ” Sí se puede” de las marchas de Mauricio Macri se traduzca en una mejora significativa de la cosecha de votos. Más allá de la masividad de algunos actos y del acento para mejorar la fiscalización y la participación, entienden que el mayor impacto está en el ánimo de quienes acompañan, que pertenecen, en su mayoría, al núcleo duro de Juntos por el Cambio.

Los especialistas sí ven, en cambio, la intención de consolidar al Presidente como jefe del espacio, en un mensaje hacia el interior del oficialismo.

Los expertos consultados por LA NACION admiten que el fenómeno de Juntos por el Cambio en las calles es “nuevo” para el espacio político. Pero subrayan que la capacidad de movilizar no siempre se traduce en votos. En síntesis, son escépticos sobre la posibilidad de forzar una segunda vuelta, pero coinciden en que la gira presidencial reafirma una identidad y una pertenencia.

“A la gente le gusta participar de la escena. La crisis del radicalismo posterior a [Raúl] Alfonsín determinó que la masividad no peronista fuera muy difícil de conseguir. En ese sentido este puede ser un revival, pero no tiene un resultado automático en votos -describe el sociólogo Marcos Novaro-. El oficialismo compite con la crisis económica; no está mal que lo intente, que busque defender el voto propio, pero hay un posible efecto búmeran ; la sobreexposición de Macri pone en escena a la figura más rechazada”.

Daniel Zovatto entiende que se busca “una alternancia a la chilena”, además de perseguir otros efectos como cambiar el estado de ánimo y un posicionamiento. “En las PASO buscaron un empate y los mandaron a la lona; con las marchas salen de la parálisis; cambian la energía. Reafirman lo que son, dicen: “Aquí estamos, nos identificamos con la república”. Hay un efecto contagio y se genera una dinámica que energiza a los medio dormidos, a los dubitativos, a los no muy convencidos”.

Las encuestas posteriores al relanzamiento de la campaña indican que la apuesta de “30 ciudades en 30 días” no estaría moviendo el amperímetro, dado que se mantendría una amplia ventaja a favor de Alberto Fernández. Sergio Berensztein reconoce que las manifestaciones son importantes y que tienen un “efecto catártico”, pero “no solucionan nada”. Y el encuestador Hugo Haime sostiene: “No vemos posibilidad de ballottage, aunque sobre el final el Gobierno pueda achicar la diferencia. Los diferentes escenarios que simulamos y las encuestas que manejamos no van en ese sentido”.

“Hay que ser prudentes, porque este vínculo es algo nuevo para Cambiemos -plantea Berensztein-; su estilo era más intimista. Está soldando algo distinto y la pregunta es si de ese intento surgirá un liderazgo diferente, un Macri menos tecnocrático, más empático. Hay una curva de aprendizaje desde aquel sábado en la Plaza de Mayo, cuando salió al balcón. Por ahí le termina gustando la política”.

Graciela Römer también ve “dificultoso” que la nueva estrategia de acercamiento logre revertir la diferencia; sin embargo, entiende que podría haber un porcentaje de votantes dispuestos a “minimizar el voto castigo” que en las PASO fue al candidato que podía infligirle mayor daño a Macri.

Entre los especialistas hay un consenso en que los roles de Macri y Fernández aparecen cambiados; ambos pelean por el votante medio, indeciso; pero el que gobierna sale a la calle y el ganador de las PASO aparece en reuniones con círculos de poder. La lectura de Zovatto es que el oficialismo apunta a empujar a los electores a usar en primera vuelta un voto estratégico que, en general, se aplica en el ballottage. “Hay un efecto desesperación que lo ha ido motivando al Presidente y cuyo punto máximo parece haber sido el de besarle pie a la señora en Tucumán”, añade.

Y advierte que la estrategia es doble: si Macri no logra la apuesta de máxima, puede consolidarse como líder de un “frente opositor”. Lo equipara con el chileno Sebastián Piñera, que perdió ante Michelle Bachelet, pero quedó posicionado y ganó después. “A favor tiene que en la Argentina los ciclos son cortos y en dos años se vota Congreso”, indica.

“Entiendo el entusiasmo de Macri -define Haime-. Intenta consciente o inconscientemente plantarse como jefe de la oposición dentro y fuera de su espacio, para lo que necesita mayor caudal de votos”. Novaro comparte esa mirada y subraya que es una tarea “muy difícil” despegarse de la idea de que el Presidente es el principal responsable del resultado.

Por: Gabriela Origlia

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